miércoles, 12 de septiembre de 2007

El Pecado Original

Siempre desee compartir con mis amigos aquella remota conversación entre un sacerdote y sus alumnos - entre ellos un aprendiz de contestatario - alla por el año 1969. Eran épocas de tabues, de cursos como instrucción pre militar (IPM) y religión con asistencia a misa los domingos y con pase de lista además. El tema era dar una opinión, o mejor, cuál era la idea que rondaba en nuestras cabecitas (eramos púberes entonces) acerca del pecado original. Previa libertad ámplia concedida para opinar de parte del Padre Juan, los promocionales (?); muy entusiastas con la posibilidad de exteriorizar lo que yá se comentaba bajito y, suponiéndonos eruditos en estos temas, se apresuraron uno a uno a manifestarse, sustentando que lo de la manzana era puro cuento y que nada podría ocultar lo evidente; El pecado original era el que Adan y Eva hayan tenido relaciones sexuales.
Como en todo grupo debe haber una oveja negra, un aguafiesta, un chinche; me apresuré a opinar que ninguna de las dos opciones me satisfacía, preguntando cómo era posible reproducirnos sin tener relaciones sexuales, por lo tanto no tiene porque ser pecado y otros detalles que no viene al caso recordar. Silencio total en el aula, y a acomodarnos en las carpetas, pues intuíamos que algo interesante se venia y que, claro, acorralado el padrecito a ver como se sale de esa.
El pecado original, nos dijo, no es de por si ninguna de ambas cosas visto del modo como lo percibíamos, pues si observamos al hombre en su naturaleza primitiva, siempre quizo ser el centro del mundo, el que ostentara el poder en todas sus formas, como decimos ahora el men, el papirriqui y otras nominaciones del cual los jóvenes de hoy son expertos; ¡ah! y si esto se logra de modo fácil mejor (como morder una manzana por ejemplo) y si te ayuda una eva por ahi, tanto mejor.
Eramos muy tiernos para recordar detalles de tal disertación, pero cómo olvidar ese tono de voz como cuando hablaba en su púlpito; el pecado original escuchenlo bien, se llama SOOBEERVIAA. Porque el hombre nace sobervio y crecerá así hasta el día en que comprenda (si es que comprende algun día) que siempre existirá un ser superior a él - y claro, tenía que vender su pan - y ese ser es Dios.
No pretendo queridos amigos adueñarme del discurso del padrecito, pero gracias a la vida este servidor aprendíó a reconocer muy temprano seres superiores de los cuales podría aprender y bastante, entre ellos mis padres, mis maestros, el viejo chacarero, el compañero de aula (del cual no quiero acordarme su nombre) el que me agarraba a cocachos y por que no decirlo de la vecinita que me llevaba unos años; lo de Dios en ese entonces no lo tenía muy claro. Además de comprender que existían otros seres a los cuales podía yo ayudar y proteger; y tambien lo digo aprender de ellos.
Y ¿cómo se reconoce a Dios? preguntó el padre, con la autoridad que le brindaba esa voz y la inmaculada sotana, y él mismo se respondíó, con el Bautizo - más pan que para él era el mejor. Ahora, ya saben cómo llegue a la pila bautismal a los doce años; era como regularizar mi situación.
Hoy me pregunto, que pasó en las vidas de aquellos hombres que se creen expertos en todo y hasta en nada, con tal de no dar cabida a nadie en el universo del conocimiento y la participación y que por desgracia hasta nos gobiernan, no sería bueno tratar de persuadirlos para que se bautizaran y pudieran talvez creer en alguien más que no sea ellos mismos; hagamos el intento, sugiero talvez que sea un poco acorde a los tiempos sumergiendo su "noble" cabezota en las aguas de algun caño natural (propongo asnacaño de Yarinacocha) y puedan así sentir su olor y sabor y entender que si bien nunca creeran en Dios por lo menos crean en la grandiosidad de la madre naturaleza que necesita urgente de gran atención.